lunes, noviembre 07, 2005

Texto de Leopoldo Alas "Clarín"

ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA "LAS NOVEDADES" DE NUEVA YORK EL 7 DE MARZO DE 1895
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7 de marzo, 1895

Comentario de Y d M : (.......se refiere en el artículo a la publicación del libro "Peñas arriba" de J. M. Pereda ....). Pudieran ser opiniones de plena vigencia hoy día.

Hace así como un lustro Pereda vino a Asturias y llegó a Oviedo el martes del Bollu, el día de la principal romería ovetense, fiesta de corte pagano, aunque inocente, que se celebra en el bosque de San Francisco, hoy ya parque municipal, acaso el mejor de España. En aquella fiesta, al ver a Pereda, al poeta montañés, el pueblo asturiano le aclamó, y los que merendaban bajo los toldos o bajo los seculares robles brindaron por el autor de Sotileza... De uno de los merenderos salió un hombre de expresivas facciones, muy parecido a Manuel del Palacio cuando era menos grueso, y acercándose al grupo de los que acompañábamos a Pereda hizo que le presentásemos al ilustre novelista.

Y hubo quien dijo:

-Don Teodoro Cuesta, nuestro poeta regional, el poeta del bable, popularísimo en toda Asturias, único mantenedor, apurada la cuenta, de la genuina poesía asturiana.

Se dieron la mano los dos regionalistas; se entendieron; y a poco Pereda oía embobado los versos en bable que Cuesta, con insinuante dulzura o graciosa malicia, según los casos, le iba recitando...

Por los mismos días que Pereda publicaba sus Peñas arriba moría Teodoro Cuesta en Oviedo; de repente, por culpa del corazón, que fue quien dispuso siempre de su vida.

En lo demás de España no es popular Cuesta como en Asturias, porque allí difícilmente llega a ser ni conocida literatura que, por lo menos, no se imprima en Madrid. Además, el bable es letra muerta para los más, no se sabe generalmente de otro dialecto asturiano que el gallego convencional de los teatros.

No importa; Cuesta, conocido o no fuera de su provincia, era todo un poeta. No hay que confundirle con tantos y tantos versificadores como en Asturias, Galicia, Cataluña, etc., etc., quieren sacar partido del espíritu regional para conquistar más fama de la que merecen; Cuesta, antes que versificador en bable, era hombre de fantasía, dueño del ritmo y maestro en el arte de amoldar a él, la imagen, la idea, el sentimiento. Pintaba, cantaba, lloraba, oraba, meditaba en verso hable con gallarda soltura y graciosa y fácil facundia; aunque según ciertos doctores de una filología abstracta y cómica por la que ignora de las verdaderas leyes del lenguaje, era Cuesta incorrecto en el bable, porque hablaba como nuestros aldeanos y no como los retóricos y gramáticos de monterilla que al bable le han salido; sin sospechar, los infelices, que lo que demuestran al querer meter este lenguaje en esas calzas prietas, es que no han saludado los rudimentos de la Lingüística.

Cuesta no empleaba el bable con fines de erudito y con pretensiones de falsificación arqueológica; no hacía hablar a Hero y a Leandro ni a Agamemnón y Aquiles, ni menos a Horacio (¡horror!) con el lenguaje de un morciniegu (montañés asturiano de Morcín); empleaba el bable por ser la lengua propia de sus personajes, del lugar en que coloca la acción de sus poesías, lengua muy a propósito para pintar y cantar la naturaleza de Asturias desde el punto de vista en que su temperamento, sus costumbres, sus gustos, sus ideas colocaban a Teodoro.

Por eso yo, que soy el primero a negarme a ser eco de ciertas famas provinciales, con plena conciencia de ser justo alabo a Teodoro Cuesta, que era otra cosa; y lamento su muerte como una pérdida verdadera, y en cierto modo irreemplazable, para la literatura española, pues al fin Asturias España es y el bable un modo atávico, por decirlo así, del castellano.